sábado, 2 de abril de 2016

Texto bajo la tapa

El verdadero viaje es interior: consiste en aquello en que la experiencia nos transforma. Hagamos de la vida un buen viaje, proyectando el más rico itinerario imaginable para esta aventura multidimensional que se abre a la conciencia. El despertar, la plenitud, la lucidez, la confianza, el amor… Vamos a encontrar entonces, uno de los grandes misterios de la vida, en el hecho de que cada objeto, persona, o situación, con la que nos identifiquemos emocionalmente y resonemos, por afinidad o por rechazo, corresponde a un arquetipo; un reflejo exterior de nuestro mundo interno, que viene con un desafío y un enigma ¿dónde vas a situarme, qué vas a hacer conmigo? Los arquetipos son trozos vivos de experiencia. Reflexionar sobre el modo en que se relacionan entre sí, nos permite entendernos mejor a nosotros mismos; adquirimos la capacidad de liberarnos de condicionamientos, para alcanzar en el presente nuestra integridad como seres de conciencia.

Baraja del buen viajero

Como tantos amantes del tarot también soñé durante algún tiempo con pintar una baraja; comencé a elaborar esta a finales del 2010 durante un agitado periodo personal. No consideré un propósito atractivo imitar alguna versión del tarot, debía ser algo más próximo aún; me propuse encontrar símbolos y arquetipos relacionados con situaciones que, una y otra vez se repitieran en mi vida, en realidad no muy distintos de los que puede encontrar cualquier otra persona: el amor, la vida, el fuego… Empecé por escribir listados de lo que se me iba ocurriendo, a cotejarlos con distintas barajas y dibujar bocetos, pero las decisiones sobre cada carta, su composición visual y el material simbólico, siempre dependieron de una afinidad con lo sensible, no sólo del cálculo intelectual; así pintar cada una se convirtió en una experiencia interior, y el conjunto en una montaña rusa de más de quince meses. Desconocía el plan general de la obra: podía aparecer como una suma de fragmentos significativos y combinables según su propósito, o bien como sólo pude ver al final, había una articulación orgánica en aquel aparente desorden. Para ordenar las cartas de la primera a la última, seguí un criterio evolutivo y jerárquico respecto a la conciencia, cuyo resultado coincide con el mito del héroe: La historia más antigua jamás contada al decir de Joseph Campbell, y la idea vertebral del tarot. Pensaba en hacer los ladrillos y salió una casa.

26. Proyecciones y juicios

• La imaginación humana tiene la capacidad innata de crear y proyectar imágenes, la usamos de diferentes formas, que van desde espantarnos con ella hasta crear obras artísticas. Como mecanismo de defensa, proyectamos hacia afuera dirigiéndolos a algo o alguien, contenidos propios que generan malestar o son percibidos como negativos. Dicho de otro modo, vemos y rechazamos en los demás algo que no aceptamos interiormente. Estamos atrapados en una oposición con los contenidos desintegrados de nuestra conciencia, los hemos arrojado fuera, pero lo excluido sigue activo internamente. Este es el mecanismo que nos permite conocernos. Resulta esclarecedor recuperar las proyecciones que hacemos sobre los demás, porque funcionan como nuestro espejo.

22. Postergación

La pereza no quiere saber de responsabilidades. Ella se ve a sí misma como la libertad de disponer del tiempo para prolongar su estado de reposo y dedicarlo a la búsqueda del placer. La pereza se siente acosada por otros pero se entretiene, siempre encuentra algo mejor en que poner su atención. Aquello que la asedia o la persigue lo sustituye por otra cosa, a condición de que ofrezca diversión o llene la panza. Es el enfoque de un bebé adulto.